Concepciones junguianas en la obra poética y vida de Alejandra Pizarnik

Universidad Nacional de Córdoba

Facultad de psicología

Curso de posgrado: Introducción a la psicología analítica de Carl G. Jung

 

 Monografía:

Concepciones junguianas en la obra poética y vida de Alejandra Pizarnik

Ana Belén Cardinali

2012

tumblr_mgd28fAOsT1rg28rzo1_500

[1]

El despertar

“Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios
Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo(…)”

Las aventuras perdidas (1958)

 

Introducción

De los distintos encuentros que hemos tenido a lo largo del curso me ha llamado la atención que siempre se puede dar un sentido práctico a los conceptos de Jung a través de poemas, cuentos y materiales literarios. Siempre he tenido gran inclinación hacia la poesía y releyendo a Alejandra Pizarnik –una de mis autoras favoritas-, encuentro que en su vida y obra están presentes numerosos ejemplos de las concepciones junguianas y que sería muy rico poder analizarla desde esta perspectiva.

En un principio realizo un breve recorrido biográfico para contextualizar este trabajo en la vida de la autora. Luego tomaré distintos fragmentos de sus diarios y poemas para poder observar los conceptos de sombra y máscara que son los que aparecen con más fuerza en el material.

Necesariamente debo aclarar que este análisis será inacabado pues los datos con los que cuento provienen de diarios y poemas que no necesariamente reflejan la realidad tal como fue para Pizarnik, siempre bajo el velo de la metáfora y del lenguaje poético ella contó su historia, yo simplemente tomo esos indicios y realizo inferencias a la luz del material que proporciona la psicología analítica. Más allá de eso las interpretaciones pueden ser diversas y seguramente variarán de acuerdo al número infinito de puntos de vista (lectores) que sobre esta autora se despliegan.

Esbozos biográficos. ¿Quién es Alejandra?

Alejandra Pizarnik. Poetisa Argentina. No suele ser tan reconocida más allá de los círculos literarios, no tanto como Cortázar o Borges por poner ejemplos; sin embargo, fue una gran poetisa poseedora de un talento innato para la escritura, desde muy joven se desempeñó hábilmente en el mundo de las letras y durante su vida se relacionó con personajes como Cortázar, Olga Orozco, Pichón Rivière (quien llegó a ser su terapeuta), Octavio Paz, Roberto Juarróz, entre tantísimos otros. Para ella escribir un poema, descubrir el lenguaje último, poder expresarse a través de la palabra, dejar allí su mundo interno era una tarea primordial. Maestra de las palabras y malabarista de una tristeza profunda que a todos lados llevaba consigo. Fue una criatura[2] que no vaciló al ahondar en sus sentimientos, pero tuvo fuertes miedos hacia ellos, hacia las contradicciones que se suscitaban entre lo que pensaba y lo que sentía, entre lo que le dictaba el exterior y lo que vivía en su interior.

Nace un 29 de Abril de 1936 en Argentina. Sus padres fueron inmigrantes judíos que llegaron al país (a la provincia de Buenos Aires) desde Rovne, una localidad ruso-polaca. Esto le otorga a Alejandra un tinte ajeno, siempre se consideró extranjera. Ella expresa esta sensación constantemente en sus diarios y en su obra.

“Heredé de mis antepasados las ansias de huir. Dicen que mi sangre es europea. Yo siento que cada glóbulo procede de un punto distinto. De cada nación, de cada provincia, de cada isla, golfo, accidente, archipiélago, oasis. De cada trozo de tierra o del mar han usurpado algo y así me formaron, condenándome a la eterna búsqueda de un lugar de origen. Con las manos tendidas y el pájaro herido balbuceante y sangriento. Con los labios expresamente dibujados para exhalar quejas. Con la frente estrujada por todas las dudas. Con el rostro anhelante y el pelo rodante. Con mi acoplado sin freno. Con la malicia instintiva de la prohibición. Con el hálito negro a fuer de tanto llanto. Heredé el paso vacilante con el objeto de no estatizarme nunca con firmeza en lugar alguno. ¡En todo y en nada! ¡En nada y en todo!” (Diarios, 2010, pp. 30)

En 1954 termina el secundario y comienza a tener indecisiones respecto a qué carrera seguir. Se disputa entre filosofía y letras y periodismo. Los testimonios expresan que en realidad no tenía interés en la parte sistemática de las carreras, tan solo quería aprender, conocer, leer. El debate entre dichas carreras será constante; un antecedente importante fue la cátedra de literatura moderna dictada por Juan Jacobo Bajarlía, que fue una de las primeras personas con quien Alejandra habló de literatura.

En 1955, con apenas diecinueve años, publica su primer libro La tierra más ajena. Sus primeros poemas publicados, antes de dicho poemario, los firmó tímidamente como Flora Pizarnik, su nombre real. Además la apodaban Bluma o Blímele, que en Yiddish significa flor. Más adelante, siempre en base a una constante inquietud por su identidad, cambiará esos nombres por el de Alejandra.

Poseía gran inteligencia. Metódicamente leía y tomaba notas de aquellas cosas que le interesaban, era una lectora incansable. Su repertorio de intereses literarios era muy vasto pero desde joven comienza a tener inclinaciones hacia el existencialismo (Jean Paul Sartre) y el surrealismo francés (Rimbaud, Lautremont y Apollinaire). Estas dos corrientes van a ser grandes influencias para su obra y es un hecho que se nota. El surrealismo etimológicamente propone un “estar sobre” el realismo, la realidad. Es una de las corrientes que se embarca en un viaje de investigación de las manifestaciones del inconsciente. Pizarnik incluso estuvo muy determinada por el conocimiento del psicoanálisis (siguió terapia psicoanalítica con León Ostrov) y constantemente tenía presente la existencia del inconsciente.

“Cierro los párpados y recorro mi vida. Sonrío. ¿Se la puede llamar intensa? Creo que sí. Inconscientemente intensa. Cada día lo siento más. Cada minuto tomo más conciencia de mí y mi sonrisa se amarga. Me siento agotada.” (Diarios, 2010, pp. 26)

“¡Pensar que mientras yo fumo tranquilamente mi inconsciente se debate entre una vida árida o productiva! Y todo este escándalo electoral tengo que soportarlo dentro de mi pequeño cuerpo. ¡Pesada cruz!” (Diarios, 2010, pp. 28)

“Ahora miro lo pasado y veo destrucción y tiempo perdido. He envejecido en vano. No quiero perder más tiempo. Quiero estudiar algunos meses. Estudiar solamente y sobre todo escribir. No obstante, estoy muy angustiada: lo inconsciente me domina.

Este diario tiene que devenir más concreto. Hay que poblarlo de nombres, de paisajes, de existencias.” (Diarios, 2010, pp. 130)

Concreto. Me detengo en esta palabra ya que más adelante va a ser importante para describir cómo funcionaban las máscaras de Alejandra. La impresión que deja cuando se lee es de una separación. Está Alejandra, dueña y reina de su mundo de fantasía. Y Alejandra, la atormentada por el mundo real, por las obligaciones, lo concreto, su físico, su comportamiento. Son dos polos opuestos: lo concreto versus lo imaginario. En el primero encontramos una niña/mujer que se debatía enormemente dentro de su cuerpo, un cuerpo para ella frágil, un cuerpo imperfecto. Se consideraba fea, tenía acné, tenía problemas para controlar su peso, insomnio, asma, tartamudez.

“(…)el asma y la tartamudez son irrefutables. En vista de semejante aprisionamiento somático, don Elías cuida a su hija: costea su segundo libro, La última inocencia (1956), e incluso llega a abonar los honorarios del psicoanalista que intentará poner en orden el desván sentimental de Alejandra. De hecho, ni la pintura ni la poesía bastan como terapia, y ella experimenta el breve y peligroso fenómeno psicodélico de las anfetaminas. También cura el dolor con analgésicos y frecuenta los somníferos para escapar de la vigilia nocturna.” (Centro virtual Cervantes)

Todo esto conformaba para ella un cuadro real de timidez con muchas dificultades para relacionarse con el mundo externo y transmite una sensación muy aguda de incomprensión y dolor, de estar mirando la realidad del otro lado de un vidrio, sin llegar a oír lo que sucede, sin tener sensaciones reales respecto a lo que acontece. Una realidad vista desde el otro polo: lo imaginario.

Asistimos a una eterna búsqueda de vivir la vida poéticamente. Desde 1960 hasta 1964, Alejandra se establece en París. Desde pequeña había estudiado francés y aparentemente (por la forma en que expresa su viaje en los diarios y por testimonios de documentales) esta travesía sería una especie de salvación. Allí conoció y tuvo amplio acceso al mundo artístico, entabló una fuerte amistad con Julio Cortázar, trabajó como correctora en una revista y se ganó la vida de esa forma durante gran parte del tiempo que pasó en Francia.

De acuerdo con Cristina Piña, Alejandra Pizarnik sostuvo una dependencia económica con sus padres, aún en 1965, contando con 29 años (en una época en la que ya en esa edad era esperable que una mujer estuviera casada y con hijos). Este hecho “determinó una imposibilidad radical de crecer afectivamente”. La vida que Alejandra elige tiene que ver con todo aquello que se puede vivenciar a través del lenguaje. En su biografía es evidente la incapacidad que tiene para poder vivir de acuerdo a las normas que rigen la sociedad, a los ritmos que la misma impone. Esto también se puede leer en algunas confesiones de sus diarios.

“¿Por qué no me ubico en un lugarcito tranquilo y me caso y tengo hijos y voy al cine, a una confitería, al teatro? ¿Por qué no acepto esta realidad? ¿Por qué sufro y me martirizo con los espectros de mi fantasía? ¿Por qué insisto en el llamado? ¿Por qué me analizo? ¿Por qué no me olvido de mi alma y no estrujo el pañuelito húmedo leyendo Cuerpos y almas? ¿Por qué no me visto con elegancia y paseo por Santa Fe del brazo de mi novio? ¡Ah! Sé que la vida es muy breve. Sé que no soy eterna. Pero, en realidad, no veo la muerte. La veo lejana.” (Diarios, 2010, pp. 55)

Del lado de la fantasía, los temas recurrentes en sus producciones son: el silencio, la muerte, la infancia, el dolor, la orfandad, el ensimismamiento, la existencia. Era notable la mínima fe que tenía en sus capacidades. Constantemente hace referencia al perfeccionamiento de su lenguaje y de sus conocimientos como paso fundamental para la creación de una novela (como objetivo póstumo de su vida). Sin embargo, ese perfeccionamiento nunca fue suficiente.

“Falta de fe en la imaginación creadora. Si no fuera así, no leería para aprender sino para gozar. ¿Aprender qué? Formas. No, no es el deseo de frecuentar modos de expresión. Mis contenidos imaginarios son tan fragmentarios, tan divorciados de lo real, que temo, en suma, dar a luz nada más que monstruos. (…) Creo que se trata de un problema de distribución de energías. Pero lo esencial es la falta de confianza en mis medios innatos, en mis recursos internos o espirituales o imaginarios.” (Diarios, 2010, pp.416)

El 25 de septiembre de 1972 Alejandra decide abandonar ese cuerpo de 36 años que no logró vehiculizar completamente la riqueza de su interior con el mundo externo. Se quita la vida tomando cincuenta pastillas del barbitúrico seconal un fin de semana que tenía permiso de salida del hospital psiquiátrico de Buenos Aires (Pirovano) donde se encontraba internada por un cuadro depresivo y luego de dos intentos de suicidio.

Máscara o persona

Sólo un nombre

alejandra alejandra
debajo estoy yo
alejandra

La última inocencia (1956)

En los primeros borradores de esta monografía planteé que en Alejandra Pizarnik se podía encontrar un sentido de muchas personalidades en una. Relacioné este hecho con la personalidad 1 y 2 que Jung relata en “Recuerdos, sueños y pensamientos”. Allí, él cuenta sus vivencias en relación a la doble faceta de su madre (amorosa a veces e inspiradora de miedo otras) y también relata su propio sentimiento en relación a esta división.

“Las contradicciones entre las personalidades 1 y 2 que me ha acompañado durante toda mi vida, no tienen nada que ver con un desdoblamiento en el sentido usual en medicina. Por el contrario, tales contradicciones se encuentran en todo hombre. Principalmente son las religiones las que siempre han hablado del número dos como del hombre interior. En mi vida la personalidad 2 ha desempeñado el papel principal, y siempre he intentado dejar libre el proceso que del interior quería aproximarse a mí. La personalidad 2 es una figura típica; pero las mas de las veces la inteligencia consciente no es suficiente para ver que también se es esto.C.G.Jung (Recuerdos, sueños y pensamientos. Pág. 63)

Al hablar de máscara o de persona, Jung se refiere específicamente a un sistema de adaptación o modo con el cual entramos en relación con el mundo. Se trata de aquello que no es propiamente de uno, sino lo que uno y la demás gente creen que es. (Recuerdos, sueños y pensamientos, pp. 55). También considerada como un compromiso entre el individuo y la sociedad que tiene por objeto lo que cada uno aparenta ser. (Ampliación del glosario junguiano de Tipos Psicológicos, pp. 145).

Considero que la existencia de estas personalidades tiene que ver con una forma de adaptar el mundo interno al mundo externo, con el desempeño de ciertos roles en adecuación a lo que el afuera presenta. En el caso de Jung, su personalidad 2 compensaba la inferioridad de la personalidad 1.

“Se me ocurrió que en realidad yo era dos personas distintas. Una era el escolar, que no podía comprender las matemáticas y que ni siquiera estaba seguro de sí mismo y la otra era la importante y de gran autoridad, un hombre que no se deja embromar (…)” (Recuerdos, sueños y pensamientos, pp. 50)

En Alejandra ocurre más o menos lo mismo. Se puede encontrar en algunos poemas y en  entrevistas referencias a una doble naturaleza, como si Alejandra Pizarnik percibiera dos personas distintas viviendo en ella, como si su personalidad se descompusiera en personalidades menores.

M.I.Moia: Según un poema tuyo, tu amor más hermoso fue el amor por los espejos. ¿A quién ves en ellos?

A.P.: A la otra que soy. (En verdad tengo cierto miedo de los espejos.) En algunas ocasiones nos reunimos. Casi siempre sucede cuando escribo.

(Entrevista –Fragmento-)

14.

El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

Árbol de Diana (1962)

Es la “alejandra” del poema que está debajo a quien yo figuro como la mujer inteligente, introspectiva, crítica, abocada exclusivamente y de manera extraordinaria a la producción de su obra, con amplitud de recursos literarios. Debatida todo el tiempo con una “alejandra alejandra” como máscaras que se exponen al mundo y también como persona que desprecia a aquella interior que produce. Entre estas dos personas hay un abismo y una falta de comunicación que resultan en un sentimiento de extrañeza.

“Cuento con una carencia casi absoluta de recursos internos, a pesar de tener dentro de mí un mundo tan vasto, pero es un mundo dependiente de mí, divorciado de mi yo, sólo unido a mí en ciertos instantes únicos. Es extraño desconocerlo tanto, como si yo fuera la sede de esa otredad innombrable que firma con mi nombre.” (Diarios, 2010, pp. 106)

Decía antes que Pizarnik tenía un conflicto entre lo concreto y la fantasía. Mi hipótesis se centra en que ella estuvo tanto tiempo sumida en la fantasía, protegida por su familia, sin preocupaciones mundanas, que se habituó excesivamente a ese espacio. La máscara o la persona requieren flexibilidad; al pasar de un ambiente a otro, han de lograr cierta modificación, cierta adaptación. “Un determinado ambiente exige una determinada actitud. Cuanto más tiempo o más veces sea exigida esa actitud correspondiente al ambiente, tanto más habitual se volverá.” (Jung, Tipos Psicológicos, pp. 492)

Jung dirá que en la psicología normal el hombre responderá a las expectativas generales  y que por lo tanto no se trata de un hombre individual sino colectivo. “(…) se pone una máscara, de la que sabe que corresponde, de un lado, a sus intenciones, y, de otro, a las exigencias y opiniones de su ambiente.” (Tipos psicológicos, pp. 493). En Pizarnik esa respuesta al entorno es inexistente, y en los momentos en los que intenta adaptarse, se genera un gran monto de angustia que la lleva a refugiarse intensamente en su mundo interno.

“Los estados de angustia impiden sentir la poesía. Me refiero a la angustia que produce el fracasar en los intentos de comunicación con los otros. Una queda reducida a una espera. No. Espera no. O tal vez sí. Una espera la llamada de afuera. Sólo es posible vivir si en la casa del corazón hay un buen fuego. Dentro de mi pecho tiene que estar la morada del consuelo, quiero decir, de la certeza. Sólo entonces se vive la poesía, que parece estar reñida con la imaginación. Tengo miedo de fracasar por culpa de mi angustia. Es necesario olvidarse de todos.” (Diarios, 2010, pp. 81)

Existe entonces una compleja relación entre ese modo de relación con el mundo y sus producciones poéticas; entre lo que Jung llama persona (o máscara) y el alma como actitud o personalidad interna. En el alma se encuentran todas aquellas características o cualidades que le faltan a la persona. El alma entonces es complementaria de la persona. Decir, por ejemplo, que Alejandra no se podía comunicar satisfactoriamente con la gente que la rodeaba y que tartamudeaba y le costaba la dicción, se compensa con una riqueza de lenguaje, con una expresión impecable en sus prosas y sus cuentos, con una capacidad extraordinaria de poner en palabras sus sentimientos y también con una necesidad casi obsesiva de encontrar el lenguaje último para su novela. A una persona racional, intelectual, le corresponde un alma sentimental. La realidad externa que no lograba vivir se recreaba internamente y demandaba absoluta perfección (de allí la búsqueda constante de una obra máxima).

“La antigua causa de este impedimento es mi imposibilidad congénita de comunicarme espontáneamente con los otros, de sobrellevarlos, de tener amigos, amantes, etc., de preferir, en su lugar los amores fantasmales, las sombras, la poesía. El amor fantasma o solitario.” (Diarios, 2010, pp. 200)

Y creo que ante la dificultad de poder elaborar una máscara apropiada para transitar la sociedad, Alejandra fue generando numerosos miedos, una afinidad con la muerte, y desarrolló una tendencia a la angustia que le fueron quitando el sentido a su vida.

“Cada mañana despertar, tener que llorar y tomar café. No puedo gozar de la vida. No encuentro en ella ningún interés. Sólo algunos consuelos. Yo no quiero consuelos.

Ojalá enloquezca o muera pronto. Estoy segura de que pronto va a suceder algo. No es posible continuar así, tan sola, viviendo y llorando. Y en resumen ¿qué quiero? Ah, no sé, no sé. Tal vez no quiera nada. Pero un gran vacío, un bicho que es vacío me muerde. Siento que me duele el corazón. Y no hay solución para mí.” (Diarios, 2010, pp. 83)

Finalmente, para pasar al abordaje del concepto de sombra es pertinente establecer un puente con la máscara. Son numerosas las imágenes poéticas que refieren a la sombra en la obra de Alejandra Pizarnik. En “Textos de sombra”, por ejemplo, cuenta con un breve párrafo que da cuenta de que la sombra está inmediatamente detrás de la máscara o de la persona; una vez que quitamos todos aquellos modos de adaptación con los que nos relacionamos con el mundo lo que queda es la sombra.

“¿Qué máscara usaré cuando emerja de la sombra? Hablo de esa perra que en el silencio teje una trama de falso silencio para que yo me confunda de silencio y cante del modo correcto para dirigirse a los muertos.

Indeciblemente caigo en esto que en mí encuentro más o menos presente cuando alguien formula mi nombre. ¿Por qué mi boca está siempre abierta?”

(Poesía completa. Pág. 410)

Sombra

“Leo un cartelito que pegué en la pared de mi cuarto: «¿De qué ángel o demonio está hecha nuestra personalidad?» ¡Oh! ¡Quiero ser mi destino! ¡Quiero que mis manos tallen mi dorado molde!”

(Diarios, 2010, 59)

La sombra es definida por Jung en “Recuerdos, sueños y pensamientos” como “la parte inferior de la personalidad. La suma de todas las disposiciones psíquicas personales y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente y se constituyen en una personalidad parcial relativamente autónoma en el inconsciente con tendencias antagónicas. La sombra se comporta respecto a la conciencia como compensadora; su influencia, pues, puede ser tanto negativa como positiva.” (Recuerdos sueños y pensamientos. Glosario)

Para poder abordar este concepto desde la obra de Pizarnik, me gustaría tomar algunas referencias que ella misma hace desde la metáfora del paraíso, el infierno, los demonios y la salvación. Si bien se considera que la sombra no es aquello negativo o malo, sí tiene un carácter negativo para quien hace retroceder dichos contenidos a la oscuridad. Por lo tanto considero que esta metáfora es válida y explicita lo suficiente cómo se despliega el concepto en este caso particular.

De acuerdo con Jung “si hasta el presente se era de la opinión de que la sombra humana es la fuente de todo mal, ahora se puede descubrir en una investigación más precisa que en el hombre inconsciente justamente la sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechables, sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber, instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc.”

La muerte, la tristeza, la creación, el conocimiento, el saber, la inteligencia, la locura, el dolor, la soledad, la angustia; todos estos son aspectos que en Alejandra se encuentran en luz, es decir, su vida transcurre alrededor de dichos pilares que en gran medida la impulsaban a seguir escribiendo como si de un ciclo se tratara. Lo que ella creía que era su paraíso era justamente encontrarse con ella misma y con sus pensamientos en la fantasía.

“He pensado en la locura. He llorado rogando al cielo que me permitan enloquecer. No salir nunca de los ensueños. Ésta es mi imagen del paraíso. Por lo demás, no escribo casi nada.

Hay sin embargo, un anhelo de equilibrio. Un anhelo de hacer algo con mi soledad. Una soledad orgullosa, industriosa y fuerte. Es decir: estudiar, escribir y distraerme. Todo esto sola. Indiferente a todo y a todos.” (Diarios, 2010, pp. 138)

“Ayer no hice nada. Estuve en el infierno. Los otros son mi infierno. El más grande.” (Diarios, 2010, pp. 141)

Este infierno, la sombra, es una forma de vida rechazada por Alejandra. Ya mencioné antes que ella tenía grandes dificultades para relacionarse con el mundo exterior, su energía psíquica no se extendía óptimamente hacia los objetos ni las personas. Esto trae aparejado que una vida social, una pareja estable, una familia sean rechazados y desprestigiados en su sistema de valores. Esto tiene que ver con la cualidad compensadora que tiene la sombra respecto a  la consciencia; dos formas de existencia no pueden ser conscientes simultáneamente. Para Pizarnik ser escritora, alimentarse de su soledad y su fantasía, era incompatible con ser esposa, tener un hogar y dedicarse a ser ama de casa.

“Es inconcebible cómo se renuncia inconscientemente a todo. Yo, sin darme cuenta, he renunciado a la fama, al matrimonio, a los viajes, a la amistad. Ello no significa que los rechazaría sino que ya no se presentan a mi conciencia como cosas probables o aspiraciones.” (Diarios, 2010, pp.140)

La importancia que tienen los aspectos que en ella se encuentran en luz se hace evidente en el momento en que le es imposible acceder a los mismos. Cuando no tiene esa fuente inconsciente que alimenta sus fantasías, cuando sus creaciones se ven truncadas en algún sentido, entonces sobrevienen los episodios de angustia tan característicos en ella.

“Mis fantasmas desaparecidos, callado el diálogo con las sombras, ya no importa querer ser otra.

Alguien que enloquece cuando se despuebla su soledad. Lo que hacía antes: hablar con criaturas imaginarias, desconocer absolutamente su situación real, alguien que vivía en una enajenación atroz, que no se daba cuenta de nada, ese alguien enloquece cuando calla el coro de sombras animadas, cuando ninguna voz le habla desde su propia inconsciencia.” (Diarios, 2010, pp. 193)

Hasta aquí la metáfora tiene un sentido lineal: el infierno son los otros, el paraíso son los aspectos en luz mencionados, la salvación es la escritura. Sin embargo no todo es tan simple. En muchas ocasiones se evidencia en los diarios un intercambio de dichos significados, donde el infierno son los aspectos en luz y el paraíso es lograr una forma de vida socialmente aceptable.

“Que este año me sea dado vivir en mí y no fantasear ni ser otras, que me sea dado ponerme buena y no buscar lo imposible sino la magia y extrañeza de este mundo que habito. Que me sean dados los deseos de vivir y conocer el mundo. Que me sea dado el interesarme por este mundo.” (Diarios, 2010, pp. 163)

“Me estoy destruyendo con cigarrillos y comida. Mi cuerpo no soporta más. Ataque de ayer. Asfixia. Es el precio que pago por haber vendido mi vida al demonio de los ensueños.” (Diarios, 2010, pp. 163)
“Si yo despertara, haría, posiblemente, lo que hubiera hecho de no haberme vendido al demonio de los ensueños: casarme con un comerciante judío, vivir en algún suburbio depresivo y trivial, tener un buen receptor de televisión y uno o dos hijos. Soñaría con un automóvil y me preocuparía por el funcionamiento digestivo de mis hijos. Mis diversiones serían el cine (americano y argentino) y los casamientos.” (Diarios, 2010, pp. 164)

Este hecho genera confusión. Al no estar definidas las máscaras para las distintas situaciones sociales, se le permite aparecer a la sombra y se confunde en la conciencia porque de otro modo sería irreconciliable. Cuando se echa luz sobre un aspecto, esa luz genera más sombra. Sombras distintas a las anteriores. Y al mismo tiempo aquellos aspectos que estaban en luz pasan al otro lado. Todo dependería del punto de vista que se toma para iluminar. También aquí se trataría de aquel aspecto compensatorio que Jung le da a la sombra en su definición.

También la salvación se traslada de la escritura y la creación a la necesidad de interesarse por objetos concretos.

“No quiero analizarme. Mi única salvación es comenzar a pensar, es decir, interesarme por objetos concretos. Basta de absolutos, basta de la nada.” (Diarios, 2010, pp. 139)

Se podría realizar un paralelismo entre las máscaras que mencioné en el apartado anterior (“alejandra” y “alejandra alejandra”) y las variaciones de la metáfora presentada en este segundo apartado en relación a la sombra.

  alejandra alejandra alejandra
Infierno (sombra) Los otros La soledad
Paraíso (luz) La soledad Los otros
Salvación La escritura Lo concreto
Demonios (me refiero a algo como tentaciones reales que la distraen de su acceso al paraíso o que no permite que ciertos aspectos lleguen a la luz) Lo sexual (se menciona como algo específico)

“Y luego las agitaciones de ese demonio llamado sexo y las rotaciones de mi ser entre los polos opuestos de la angustia y la euforia.” (Diario, 53)

 

La fantasía/ensueños

Conclusión

“Pienso en mi vida condensada en un eterno intento de escudriñar mi yo.”

(Diarios, 2010, pp.44)

El mito Pizarnik gira en torno a su suicidio, pero lo cierto es que se trató de una enfermedad que a lo largo de los años fue empeorando. Considero que todos aquellos aspectos que se encontraban en la sombra se fueron imponiendo con mucha más fuerza con el correr del tiempo, generando incertidumbre y contradicciones y la comprensión de Alejandra de los mismos era cada vez menor. Quizás se puede decir que se trata de una enfermedad creadora, es decir que a partir de sus numerosas crisis, Pizarnik logró generar una amplia cantidad de material literario y que esta creación era la forma que tenía de entender y mantener la vida en la luz, hasta que de la lucha la vida terminó siendo parte de su sombra.

“No se puede echar dos veces la misma carta en un buzón. El ocio no existe. Sólo hay esta cuestión: tener o no tener deseos de vivir…y de morir. Una vez comprendido esto o se quiere más vida o se desea la muerte. Lo curioso resulta cuando el mundo se opone a mi sed de más vida, entonces me voy al otro extremo, a la muerte. Pero tampoco ella me hospeda ¿La solución? Sí, hay una, hay un arrancarse de raíz todo ímpetu, todo frenesí, hay un disfrazarse de monja a pesar suyo, hay, en suma, un hacer la plancha en las aguas de la vida.” (Diarios, 2010, pp. 86)

La palabra destino tiene las mismas letras que la palabra sentido. Considero que Alejandra siempre tuvo presente que el sentido de su vida estaba atado inevitablemente a la escritura. Ya dije antes que llevaba una existencia poética, todos sus pensamientos, sus sentimientos, sus acciones estaban determinadas por esa esencia. Creo que su destino poco a poco se fue urdiendo hacia la muerte. Ella decía “llena con tu muerte el vacío de tu vida” y siento que era ese el sentido que buscaba. Tan desamparada por la imposibilidad de encontrar un refugio externo al tener máscaras inacabadas, tan avasallada por su sombra y sus infiernos personales y fluctuantes, la única salida que encontró fue la muerte.

“Aunque nada de esto tenga que ver con la validez o deficiencia de lo que escribo, sé, de una manera visionaria, que moriré de poesía. Esto no lo comprendo perfectamente, es vago, es lejano, pero lo sé y lo aseguro. Tal vez ya sienta los síntomas iniciales: dolor en donde se respira, sensación de estar perdiendo mucha sangre por alguna herida que no ubico.” (Diarios, 2010, pp.260)

tumblr_mthkri7RaG1rg28rzo1_1280

 [3]

El infierno musical

Golpean con soles
Nada se acopla con nada aquí
Y de tanto animal muerto en el cementerio de huesos filosos de mi memoria
Y de tantas monjas como cuervos que se precipitan a hurgar entre mis piernas
La cantidad de fragmentos me desgarra
Impuro diálogo
Un proyectarse desesperado de la materia verbal
Liberada a sí misma
Naufragando en sí misma.

El infierno musical (1971)

 

Bibliografía

Caruso, S. El eco de mis muertes. Ilustraciones. Recurso electrónico.
Centro virtual Cervantes. Biografía literaria, Alejandra Pizarnik. Recurso electrónico. http://cvc.cervantes.es/literatura/escritores/pizarnik/biografia.htm
Elias Isaac, T. Ampliación del glosario junguiano de “Tipos psicológicos”.
Hablo de mí.  Recurso electrónico. http://hablodemi.wordpress.com
Jung, C.G. (1992) La función trascendente. Revista de psicoanálisis. Nº 2.
Jung, C.G. (1981) Recuerdos, sueños y pensamientos, Seix barral, Barcelona.
Jung, C.G. (1972) Tipos psicológicos, Ed, sudamericana. Bs. As.
Moia, M.I (1972) Entrevista a Alejandra Pizarnik. Recurso electrónico. http://www.elortiba.org/pizarnik1.html
Pizarnik, A. (2010) Diarios, Lumen. Bs. As.
Pizarnik, A. (2010) Poesía completa, Lumen. Bs. As.


[1] Ilustración de Santiago Caruso.

[2] Digo criatura en el sentido de “ser excepcional” y también en el sentido de niña, pues se dice que su aspecto siempre fue el de una niña o adolescente

[3] Ilustración de Santiago Caruso

Copyright©Ana Belén Cardinali-Todos los derechos reservados

Trabajo a presentar en las siguientes jornadas:

1470322_370092153136971_1371909060_n

This entry was posted in Artículos, Creaciones propias, Literatura, Psicología analítica. Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *