"Por hambre yo entiendo esa falta espantosa de todo el ser, ese vacío atenazador, esa aspiración no tanto a la utópica plenitud como a la simple realidad: allí donde no hay nada, imploro que exista algo."
Amélie Nothomb en "Biografía del hambre"
“Pero vienes demasiado tarde.
Mi almario está musgoso
y he perdido la llave.” F.G.Lorca.
-Pienso en cosas, encuentro fondos. Aprendo a apreciar lo inapreciable. Muto; soy ese pedazo de papel que conoció el interior de un puño y ahora intenta recuperar su entereza. Sé que jamás volveré a ser árbol.
-Recibo la conjugación de las nubes, me dejo partir en dos por mis estados emocionales. No sé de dónde saco las fuerzas para no quedar escindida; en algún momento del día parece que todo está bien. Generalmente es la gente la que me rescata.
-Hoy ayuné para que me roben la sangre. Mi sangre. Rojísima. Líquida. Fuera de mi cuerpo. Se necesitan esas experiencias para despertarse.
-Redescubro el hambre…sucumbo a la nostalgia de los hábitos alimenticios.
-Yo me estaba muriendo lentamente y era feliz. Buscaba el conflicto como la caricia. Desde que intento ser una niña buena me duelen las venas contra la intención del tacto.
-Quiero despertar de la anestesia. Sospecho que estoy haciendo duelos por muertes inconclusas e innecesariamente mías. Una astucia de bocas emancipándose del ruido.
-No hay equilibrios: me abrazo a Lorca y lloro como un niño, dos segundos después me río tan fuerte que tiembla en otros países. Encuentro en la vida diminutas rapsodias y mi existencia es una madeja.
-Lo realmente importante es que el gato tortura a un escarabajo. Y yo lo miro extasiada.
Dos días. Lloro, me recupero, vuelvo a llorar. Me desintoxico. Y leo. Parece que leer es lo único que me salva la vida.
“Las novelas se hacen con dementes y villanos, con gente torturada por sus obsesiones, con víctimas de los engranajes implacables del destino.”Isabel Allende
“Procuré que cada personaje tuviera una biografía completa, un carácter definido y una voz propia.”Isabel Allende
8 de marzo
Debo escribir mis impresiones. Si no lo hago aparece como cierto eso de que la lectura no es más que un refugio. Para mí es mucho más que eso. He leído “Paula” en la escalera, entre abejas y una explosión de chocolate y nuez en la boca. Necesitaba esa dulzura para procesar la tristeza. También sucumbí al llanto. Me conmueve la historia porque me hace sentir sola, porque la amargura se asienta en mis huesos, porque me figuré mis propios espíritus merodeándome la existencia. Últimamente me siento morir todos los días. Necesito de mí, de la interna, de la primitiva y salvaje.
Feliz día de la mujer.
9 de marzo
Estás solo. Solísimo. Cierras los ojos y la soledad te enseña los colmillos. Abres los ojos y encuentras un montón de seres enfrentando su propia soledad. Un mar de cegueras deambulantes. Nadie sabe exactamente a dónde quiere llegar, pero se sabe: estamos solos. Hacia la soledad vamos.
16 de marzo
No ha sido un mes para escribir. No fumo, me redescubro, me siento bien. Pero el resto de mi vida es un desastre y todavía me siento morir. Parezco una desquiciada, soy otra persona. Los días van pasando, no los percibo, son apenas reflejos de la vida, apenas esos destellos lumínicos.
Merlín sigue dejándose caer en cualquier lugar de la casa. Persigue y custodia polillas, pelea con el perro, juega con pelusas, me muerde los dedos del pie, duerme al borde de la cama. A la mitad de la noche me despierto como una posesa, estiro la mano y me da la impresión que Merlín está duro y muerto, entonces, sobresaltada, grito su nombre y le sacudo el cuerpo. Él se despierta y me mira, se reacomoda y sigue durmiendo. Yo hago lo mismo. Hoy a la tarde me dio un ataque de risa al imaginar lo que pensaría Merlín de mis ataques, lo abrazo, me río por horas abrazándolo. Lucho con la saciedad, imagino que es posible morir de un ataque de “quererlo todo”, soy insaciable…Otros momentos muero de angustia y lloro. Sueño que me persiguen y que me controlan, me despiertan las pesadillas y tengo la certeza de que alguien aparecerá por la puerta. Estoy loca, estos días maníaco-depresivos tienen que pasar pronto.
17 de marzo
Morir en una orilla frecuente de la muerte.
09 de Abril
Pocos días, muchos días, pierdo la noción del tiempo en los dolores, en el abandono. Mi cuerpo sigue siendo un nudo imposible de desatar, sigo estando sola…nada, absolutamente nada está en su lugar. Tengo que aprender a vivir con mi nuevo ser…conciliarme.
10 de Abril
Dentro de mí las luces callan, un silencio perpetuo me orilla, me revuelca, me revive. Un vaivén de la muerte certera. Estas cosas aterradoras que me desconsuelan. Estoy sola. Soy yo y mis muecas hablando con el tiempo…dentro de mis las luces sucedieron, pienso que no tienen mañana. Pienso en el futuro y entristezco.
Quizás si me detengo por completo, quizás si cierro las ventanas, las puertas, los ojos. Necesito un mundo de finales. Promesas, la brutalidad de la espera.
13 de Abril
Viernes 13. He de temer que mis monstruos quieran salir a enmarañarse con la noche, que otra vez se alce el manto originario y me descubra impaciente en el centro de mi misma. He de temer los años, las compañías, los ires y venires de la resistencia. Oídos sordos al vaivén del murmullo, a los vasos que rebalsan sus sequías. Ya no sé dónde están mis finales, ni entiendo hacia dónde huye el llanto cuando no me encuentra camino a la asfixia. Vuelvo a repetirme, reincido en las raíces, en las espinas, en los dientes; soy un manojo de malestares. Y sin embargo me aprendo así…volátil, incierta, humana.
—-.—-
Camino, recuerdo que tengo piernas, siento los músculos que se mastican entre sí, se arrullan, se reconcilian. Mis pies ya no son parejos como solían serlo, se pierden en los costados, piso mal; mi cuerpo los sigue en el desequilibrio, también mi vida: voy para un lado, me excedo, tomo conciencia, vuelvo; lo mismo con el otro lado. Tengo la profundidad del mar y no puedo retener las orillas.
19 de Abril
Tengo que leer más. Querer más a la gente. Socializarme. Tengo que salir de este caparazón. Hacer un viaje largo, hacerme huida, armar las valijas, poner un pie atrás del otro y reciclar mis semillas en otra parte. Echar raíces. Quedarme, dejar de movilizar mi existencia cada vez que los lugares se sienten usados. Tengo que hablar. Comunicarme. Transmitir algo más que verdades desviadas y maltratadas. Pero no quiero. Me es simple este espacio solo. Me es cómodo.
No creo en Dios. Creo en la muerte. No creo en un amor que no implique lucha. No creo en la gente que no se dispone a luchar. Tampoco creo ya en la eternidad de la infancia, en el “niño interior”. Hay que abandonar el lugar de la infancia.
Tengo miedo de cambiar y arrepentirme.
Me agoto, me canso, ya no me quiero escuchar pensando.
20 de Abril
7:52 a.m.
Al menos ya no me quiero morir. “I feel like a new born, kicking and screaming.” Hace años no escuchaba Filter. Pienso en el pasado porque busco lugares que me den fuerza para seguir adelante, sucesos, vidas, no sé. Pero es eso: al menos ya no quiero morirme. Me carcome la idea de estar sola para siempre por no ser lo suficientemente valiente como para dejar de lado mi aberración por lo imperfecto. Y tampoco sé si eso tiene sentido. Tendría que ser normal que las cosas no tengan sentido, el sentido es lo que me mata.
04:03 p.m
Me levanto y no tengo ganas del mundo, pero me reclama. A veces creo que va a lograr despedazarme.
—.—
Desnudar las cuerdas de un violín con los dientes,
hacer que la música dé vueltas en mi estómago
y me deje sentir algo más que humo.
—.—
Abandoné la jaula sobre las aves,
al cielo le pesa la soledad.
—.—
Abrir la boca.
Darle permiso al nudo
para que se inflame en la tráquea
y explote en los ojos.
Guardo silencio para desmenuzar mis atentados,
aunque el mundo me olvide.
22 de Abril
El impulso del día ha sido la música y el hecho de que me importa tan poco lo que el mundo tenga que decir o pensar. Caminar por la calle sin sentir frío, acompañada por la potencia de esta canción (NIN) que me rompe violentamente los huesos. Abrigada por los pasos, por el cuerpo que se desliza a través de las multitudes como si existiera en otra dimensión. Es eso, me reconcilio con el cuerpo, con la vida, con esa parte de mí que moría y que aún muere, pero detenida en otras fracciones del tiempo.
En esta casa todo tiene la longevidad deprimente de los huesos,
la lentitud fatigosa de la saliva, el eco anómalo de las multitudes.
Una caja vieja escupe música vieja
sobre mis oídos en tránsito a la vejez,
y en el sigilo aparece el tiempo,
un anciano pedazo de terciopelo
que acaricia la lengua
hasta conciliarla con la sangre.
Sobrevivo en la aridez,
en el camino de la nada a la nada
que se parece a las baldosas del cuarto a la cocina,
en el lugar donde los títulos
son tan imprecisos como mi existencia.
Cierro los ojos, me aprieto contra las paredes, cuento escalones.
Abro los ojos, examino los techos,
marco el recorrido de las moscas y las polillas.
Lloro la insistencia del llanto, lloro como arañas preñadas, lloro sobre la mesa, la cama, la comida, lloro prendida a las manías de la luz y enceguezco. Lloro sin siquiera tener ganas de llorar,
lloro hasta que algo se quiebra en mí y soy un juguete inútil,
hasta que mi cuerpo ya no puede ceder al ritmo de la casa
…………………………………………………….y tan solo se detiene;
tomo los alambres, los pedazos de carne, los huesos;
los tomo con pausa de mujer herida.
He aprendido a reunir los restos
con el mismo gemido que se obtiene …………………………….al arrastrar largo rato …………………………….un animal sobre las piedras.
A la casa de las palabras, soñó Helena Villagra, acudían los poetas. Las palabras, guardadas en viejos frascos de cristal, esperaban a los poetas y se les ofrecían, locas de ganas de ser elegidas: ellas rogaban a los poetas que las miraran, que las olieran, que las tocaran, que las lamieran. Los poetas abrían los frascos, probaban palabras con el dedo y entonces se relamían o fruncían la nariz. Los poetas andaban en busca de palabras que no conocían, y también buscaban palabras que conocían y habían perdido. En la casa de las palabras había una mesa de los colores. En grandes fuentes se ofrecían los colores y cada poeta se servía del color que le hacía falta: amarillo limón o amarillo sol, azul de mar o de humo, rojo lacre, rojo sangre, rojo vino...Eduardo Galeano -El libro de los abrazos-
La obra de la poeta argentina Ana Cardinali se puede definir como existencialista o mejor aún como angustiosamente íntimista. Destaca en esta poesía el rigor por expresar lo más preocupante de ser y de la agonía personal. Esta plataforma hiperestética se clarifica por medio de un lenguaje consiso, pretendido para confesar y consolar, otras, para desahogar o señalar el engranaje visceral que hace posible la congoja, la depresión, la afirmación del amor y el desamor.
Toca los grandes temas desde un tono siempre susurrante, anclado en las profundidades de la emoción humana. Su trabajo deja al descubierto las señales de una artesana que compromete su sentir y su vida en una guerra frontal contra la palabra que asombra, su oficio apuesta por la autobiografia metamorfoseada en poema.
El avasallante prodigio con que logra su voz también comercia el despellejamiento de sus incertidumbres y desesperaciones.
Es sensual, amarga, ulcerante y perturbadora.
Ana Cardinali es la poeta de las metáforas desgarradoras. Su poesía huele a deseo. Zeuxis Vargas 2010.